NOVEDADES

Monday, May 21, 2007

Relato: ¿Dónde están los gatos?

Cuando no tienes dinero para viajar ni edad para acceder a un viaje del IMSERSO, es una suerte que te toque un billete de ida y vuelta a Madrid.

Es el caso de Margarita. Le ha tocado un viaje en AVE a la villa y corte con acompañante en un concurso de radio. Nunca antes había viajado ni en AVE ni a sitios lejanos al barrio de Santa Cruz en Sevilla. Se casó pronto, tuvo cuatro hijos en edad de universitaria y se divorció antes de cumplir los cuarenta. Su marido marchó con una rubia más joven. Ella, a los dos años del divorcio, encontró un compañero sentimental que la ama mucho, pero al que no le sobra el dinero.

-¿Llamaste a un timbre? ¿Quién vive aquí?

Antonio sonríe. Margarita es como una niña con zapatos nuevos. Todo la sorprende. Antonio vivió varios años en Vallecas. Se vive mejor en Sevilla. Margarita tiene a sus hijos emancipados; toda la casa es para ellos solos.

-¡Pero si es un bar!
-Claro, mi niña.

Están en Casa Granada, un acogedor bar ubicado en la sexta planta de un edificio. Eligen una mesa al lado de la ventana. Margarita mira con cara de niña grande la plaza de Tirso de Molina.

-¡Mira, Antonio! Un gatito... ¿Crees que nuestros gatos estarán bien?
-Claro, mujer. La hija de tu amiga quedó encargada de darles de comer.

Margarita siente una corazonada mirando al gatito madrileño un tanto tristón. Saca el móvil y llama a casa. Le coge el teléfono una voz masculina que no conoce. Grita. Todos los clientes del bar la miran.

-¡Antonio! ¡Tenemos un ladrón en casa!
-No puede ser.

Antonio repite la llamada. Ahora se pone la hija adolescente de Lourdes. Todo está bien. Era su novio.

-¿Su novio? Yo no le di permiso para invitar a ningún novio a mi casa.

Cuando llegan a Gran Vía, Margarita sigue con sus corazonadas premonitorias de fatalidades caseras.

-Mira, ése es el edificio Metrópolis.
-Sí, Antonio, sí.
-Fue construido a principios del siglo pasado.

-¿Estarán bien mis tres gatitos?
-Vamos a la plaza Mayor a tomar unas cañas.

Margarita vuelve a llamar. No cogen el teléfono. Empieza a creer que todo va bien en por casa. Louriditas les dio el pienso a los gatitos y se marchó.

El Madrid de los Austrias es precioso. A Margarita le encanta el moderno alumbrado madrileño, pero hay demasiados bares. Antonio bebe y no come. Ya anda medio borracho. Encima ha encontrado un antiguo compañero de juergas madrileñas.

Se suben al coche del amigo y llegan al barrio de Huertas. Otro bar y más bebida. Antonio le insiste en que tome un vermú. Margarita casi no lo prueba.

Regresan al centro de Madrid en un taxi, sin el amigo de Antonio.

-Estamos en el callejón del Gato.
-¿Me estás tomando el pelo?
-No, mujer. Es la calle que aparece en los esperpentos de Valle-Inclán.
-¡Ay, mi vida! La bebida hace estragos en los hombres. A ti te pone intelectual.

Margarita lee la placa de la calle en una pared y siente otra corazonada. Vuelve a llamar a casa.

-¡Hola, tronca! Ven a la fiesta del quinto derecha donde hasta los gatos se divierten.
-¡Mis gatitos!

Margarita se desmaya. Despierta en los brazos de Antonio.

-Tranquila, amor. Conozco un médico de confianza para los que sea preciso.
-¿Y qué es preciso?
-Un desembarazo.
-¡Serás tonto! Me están matando los gatos y tú me vienes con tonterías. Vamos para casa.

Antonio no quiere irse de Madrid sin visitar el barrio de Chueca. Los gays son gente lista. Margarita piensa que realmente lo son cuando dejan el barrio cargados de bolsas. Como vendedores no tienen precio.

Se detienen en una chocolatería del callejón de San Ginés. Margarita vuelve a llamar. No le cogen el teléfono.

-Vamos a Malasaña, nena.
-Ya gastamos mucho dinerito, amor.
-Para un café tendremos, ¿no?

De Malasaña pasan al multirracial Lavapiés y finalmente acaban en el cine Doré. Antonio duerme durante toda la película. Margarita ríe las gracias del gran Woody Allen.

La risa de Margarita se convierte en lágrimas al llegar a su casa de Sevilla. Parece que han pasado por allí los hunos. Sillas tiradas, la nevera vacía, los baños sucios, los sillones del salón sobre la mesa de cristal que por un milagro de Dios no ha roto, las bebidas de Antonio convertidas en botellas vacías y ¿los gatitos?

-¡Lourdes! ¿Dónde está tu condenada hija? Hizo una fiesta en mi casa y me faltan los gatos.

Lourdes se acerca para comprobar el desastre doméstico. También viene la casera a quejarse por las protestas de los vecinos. Los gatos no aparecen. Margarita llora.

-Anduvieron en Internet -dice Antonio-. ¡Menuda factura vamos a pagar!
-Lo peor son los gatos. Seguro que les abrieron la puerta y se perdieron por la ciudad.
-Los gatos están aquí.
-¿Dónde?

Antonio señala la página abierta en Internet. Es eBay. Los gatitos van a ser vendidos al mejor postor.

-¡Compralos, Antonio!
-Van por seiscientos euros.

Margarita echa mano de sus ahorros para Navidad. Este año tendrán una Nochebuena de paella pobre, pero sus gatos estarán a la mesa. Un mensajero de Seur los trae una hora antes del día veinticinco. Han regresado por Navidad.