Thursday, February 04, 2010

Microrelato: El cojín rojo














Adela despertó incómoda. Notaba una dureza debajo de su espalda. El colchón, pensó, ya se ha estropeado. Desde que China se ha convertido en la fábrica del mundo, la calidad de todos los productos se ha reducido y sigue reduciéndose. Estamos en la economía del despilfarro: lo compro, lo uso, lo tiro, lo vuelvo a comprar...

Se incorporó. No se atrevía a buscar el muelle suelto del colchón flex. Otro gasto. Se llevó las manos a la cabeza en un intento inútil de paliar el dolor de cabeza que le causaba un gasto extraordinario en su precaria situación económica. ¿Cómo iba a comprar un colchón nuevo? Con manos temblorosas ordenó sus desenmarañadas greñas rubias. Después, rebuscó el muelle salido y lo encontró.

Era un original cojín rojo con manos de tela que pedían un abrazo. En una cara tenía un post in.

Te quiero.

Adela sonrió. Su marido nunca olvidaba el día de San Valentín.

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Wednesday, January 27, 2010

¿La verdad? ¿Qué es la verdad?

 Me llama mucho la atención lo propensa que es la gente a creer todo lo que lee en Internet. Escribes una poesía inspirándote en otra persona y creen a pies juntillas que estás escribiendo una vivencia tuya. ¡Por Dios! Yo soy una trovadora. Mi vida no daría para tanta poesía como he escrito y sigo escribiendo.
 
 Además mi vida no es muy interesante. A los escritores, también a los aficionados, nos gustan las vidas ajenas que son para nosotros inalcanzables. Tenemos mucho de actores. yo si estuviera contenta con mi vida, si fuera feliz, seguro que no escribiría ni la lista de la compra. Me iría de compras a golpe de capricho, sin mirar los precios y sin calcular la cantidad a gastar. Eso sí que es la felicidad: tener dinero para ser libre, porque no nos engañemos, la libertad sin dinero es como la comida sin sal. No sabe a nada.  Bueno, sí; sabe a desesperación.
 
 En Internet es facilísimo hacerse pasar por otra persona, por un personaje. Siempre encuentras crédulos. Debe ser porque creen que eres como ellos: un espejo de sí mismos.
 
 

Wednesday, January 20, 2010

Aquella Yolanda

 Tendría que empezar escribiendo "querido diario" y acabar con una poesía triste, como son últimamente mis poesías, pero no me da la gana de hacerlo. Mis poesías ya las leen en otros blogs, uno de ellos con los comentarios abiertos, y lo de "querido diario" hasta a mí me suena cursi.
 
 Es bueno cambiar, hasta en personaje. Una persona que es siempre la misma aburre y se aburre de representar el mismo papel. Los cambios son la pimienta de la vida. A mí me gusta cambiar. Un día soy cascarrabias, otro día me dan ganas de abrirme las venas, otro ando de fiesta desde que me levanto, y no faltan tampoco los días en los que cambio según van pasando las horas como una tormenta que saluda la mañana y se va dejando un cielo libre de nubes. Así soy yo. ¿Yolanda? ¿Qué más da? Yo o Yolanda o la que inventa esto.
 
 No quiero hoy hablar de mis muchos inventos. Son muchísimos. Me invento y reinvento constantemente.
 
 

Friday, July 31, 2009

Amando en verso

Querido diario:
 
Hace tiempo que no escribo en este blog debido a mis muchas ocupaciones que son algo así como un puñado de negocios ruinosos que me dan de comer más mal que bien. No quiero hablar de eso. Este blog fue abierto en su día para patalear, para decir todo lo que nunca digo, para dejar plasmados tantos pensamientos que no expreso a viva voz.
 
Si opinas, te ganas un montón de enemistades. Yo ya hago enemistades callada. Si dijera todo lo que pienso, mi infinita cifra de enemigos dejaría corta la multiplicación de los panes y los peces.
 
Me detestan y lo sé. Creo que es algo que ya tengo asumido. Nunca cambiará. Sólo puedo engañarme o asumirlo. Hay personas que les caen bien a todo el mundo, suelen ser tontas, las hay que tienen un número similar de amistades y de enemistades, son los normales, y después estamos los bichos raros, poquitos, que le caemos mal hasta al agua del grifo.
 
Ayer escribí este poema que hoy cuelgo en este blog y que también anda por algún otro sitio. Me llamaron ésa. Así, sin cortarse, para que yo lo oyera. Ésa. ¿Te das cuenta, diario? Ya ni siquiera se dignan a referirse a mí  por mi nombre. Me sentí como cuando estás en una cola y la persona que tienes detrás empieza a empujarte intentando quitarte el espacio vital al que todos tenemos derecho. Ésa. Es una pena que yo sea tan rencorosa. La persona que se refirió a mí en esos términos no sabe lo guardadito que se lo tengo. Soy de las que pasa factura.
 
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Un día desperté
y no tenía nombre;
era una cara,
un cuerpo,
el silencio...
 
No tenía nombre.
 
Seguí despertando
al oír el nombre
tirado en dos sílabas:
ésa, como si yo fuera
una mala cosa.

Thursday, May 28, 2009

El despertar de Eva

Querido diario:
 
No sé hasta cuando me inventaré y me reinventaré. Me sorprende a mí misma encontrar una nueva idea para poner en práctica hasta el punto de que no me reconozco. Cuando entro en Internet dejo de ser la pobrecita que todos desprecian. Soy otra. Un ciclón que no cesa de reinventarse. Muchos se caerían de la silla si le pusieran cara a Yolanda Smith. Lo único cierto son mis poesías, mis relatos; y ni siquiera eso es una verdad para las paredes que me rodean encerrándome en una prisión. Para ellos soy una mierda. Casi me lo han hecho creer a fuerza de cerrarme las puertas, decirme tú sobras, aquí ya tenemos gente para eso, eres anoréxica y otras lindezas por el estilo. Esa es la sociedad real que me rodea, que conozco, que he conocido. Por eso soy canalla cuando entro en Internet y me invento miles de nicks. Sé que mi destino, más pronto o más tarde es el suicidio. Nadie me quiere.
 
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Ha amado hasta el divorcio impuesto
a un Adán creyente,
después se fue
pidiendo la custodia
de Abel,
su Abel.
 
Un puñetazo en las nubes
le tiró una sentencia de dos hijos,
la condenó a la cadena del trabajo,
la hizo esclava
del salario injusto
y los horarios
a ella, a Eva.
 
Respondió alargando la sonrisa
desde un lunes a un sábado,
pintando los labios con pimienta
abrazando la pancarta del amor.
 
Respondió prestando manos cenicientas,
dejando un sueño en el balcón,
subiendo los pies a los tacones,
comiendo la ira con salmón.
 

Monday, May 25, 2009

Amor en tiempos de crisis

Querido diario:
 
Estoy que le pegaría un grito al primero que me encontrará por delante. Bueno, no al primero, sino a uno que yo me sé y a unas cuantas que también me sé. Pero es mejor callar. Toca callar, morderse las uñas y aguantar el tirón. Me digo que quien resiste gana. ¿Gana? Yo no gano ni resistiendo, ni tirando la toalla, ni explotando, que es lo que me pide el cuerpo en este momento.
 
No gano y no es mía la culpa. La culpa es de esta sociedad injusta que siempre me pone la zancadilla y me tira mis torres al suelo. ¿Por qué no me dejarán vivir en paz? Cuando encuentro un sitio para ganarme la vida, vienen a jodérmelo, y las alternativas simplemente no existen.
 
Muchas veces digo que soy una paria y no es una exageración. Es la definición que más se acopla a mi mísera existencia. Yo tendría que vivir como una reina, lejos de preocupaciones de supervivencia. Pues no, señor, aquí me tienes contando hasta los céntimos, cabreada, furiosa. Debe ser mi destino, o no lo es, o ya no sé qué demonios es esta zanja de la que no salgo; de la que no me dejan salir.
 
La vida es injusta. Esta sociedad es injusta. Dios es injusto. ¿Dios? Vete a saber si existe o es un cuento como los míos, que tienen de única verdad que yo los escribo y punto. Estoy harta. Tengo la sensación de haber quemado ya todos los cartuchos. La publicidad sigue sin funcionarme como yo quisiera. Ojalá pudiera asociarme a la SGAE a ver si quitaba un sueldo todos los meses para vivir decentemente, pero allí sólo quieren a los cuatro enchufados que sacaron un disco hace siglos y ahora viven como reyes.
 
Estoy harta, harta, ¡harta! Tan harta estoy que me pregunto qué demonios hago yo aquí; para qué he venido yo a este mundo en el que les sobro a todos.
 
 
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Abrázame como cuando
eramos clase media.

Tengo frío bajo esta luna
que dicen de Valencia.

Abrázame hasta hacerme olvidar
a la señora Pobreza.

Tengo miedo ante el rostro
de un plato huérfano.

Abrázame hasta hacerme soñar
con un gran banquete.

Tengo miedo al mirar la despensa
y encontrarle los huecos.

Abrázame como cuando
el Primer Mundo era nuestro.


Saturday, May 16, 2009

Relato: Los okupas

 Se asomó al balcón temerosa. Podían ser los dueños, unos amigos, hasta podían ser unos policías de paisano la pareja que se apeaba del automóvil. Tumbado en un sillón tapizado con piel estampada, Mariano jugaba con un puro apagado, ajeno a toda preocupación.
 
 -Ven aquí, nena, somos okupas.
 -Parecen novios -musitó Elena.
 -Quienes?
 -La pareja del coche azul. Están mirando la casa que se vende, la de enfrente.
 -Unos tontos -Mariano tira el habano a la mesa y prosigue-. Papá, mamá, dos niños, canario y perro, más la tía Hipoteca. Prefiero nuestra vida, nena. Me gusta ser okupa a mi aire. Vamos por la vida sin equipaje. Mírate, nena. Te has vestido con ropa de alta costura, te maquillaste con las pinturas de esa mujer de las fotos, calzaste sus zapatos. Y a mí aquí me tienes en plan señor. ¿Sabes lo que cuesta el traje que llevo? ¡El sueldo anual de un mileurista!
 
 Elena se estremece. ¿Y si los pillan? ¿Cuántos años de cárcel les caerían? Llevan cinco años viviendo a salto de casoplón deshabitado. En una ocasión tuvieron que salir de madrugada pitando porque llegaron los dueños y no era el caso de enfrentarse. Mariano no quería problemas. Siempre fue un hombre pacífico.
 
 -¡Vienen hacía aquí! -exclama Elena, asustada.
 -Querrán información sobre la casa en venta -aventura Mariano-. Voy a recibirlos, nena. Hace tiempo que no me relaciono con mortales comunes y me apetece hablar con un hombre dispuesto a hipotecarse.
 
 Les abre la puerta al primer timbrazo. El hombre, de cerca, suma unos cuarenta años y la mujer se ve igual de joven.
 
 -El cartel dice que aquí dan información sobre la casa. ¿Cuánto cuesta?
 
 Mariano los invita a café. Les cuenta que la casa la venden para pagar la residencia de sus viejos.
 
 -Nos cuesta un riñón.
 -Yo cuidé a mis padres en casa.
 -Mis viejos son difíciles de cuidar, amigo. Siempre discuten con mi mujer; no se entienden.
 -¿Están casados? -pregunta la joven-. No llevan ustedes alianzas.
 -Tratadnos de tú, por favor. Sí, estamos casados. Las alianzas las guardamos en la caja fuerte del banco-.  Mariano baja la voz-. Son de oro blanco con diamantes incrustados.
 
 Elena lo deja hablar. Ella sonríe y calla. Casi se le escapa una carcajada cuando Mariano invita a la pareja a probar la casa.
 
 -Disfrútenla gratis un fin de semana. Después me cuentan.
 
 La pareja acepta. Un día llegan con un monovolumen lleno de chiquillos y se instalan. Mariano les da la bienvenida, permite que le presenten los seis hijos que han tenido en ocho años de feliz matrimonio, acaricia un perro que traen, les da la enhorabuena cuando el padre le confiesa la llegada del séptimo hijo para agosto.
 
 Esa noche quienes llegan son los dueños de las dos casas. Mariano y Elena marchan con lo puesto.
 
 -Deberíamos haber robado un coche. Estoy cansada de andar -se queja Elena.
 -No nos hace falta. Pronto encontraremos otra casa para disfrutar -contesta Mariano.
 
 Cuando suben al tren en un apeadero próximo, oyen las sirenas de la policía. Parece que van a detener a los otros okupas.