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Thursday, April 03, 2008

Relato: La herencia de Andrés

 Andrés era cuatro pisos, dos bajos y dinero en el banco. Ahora sólo es un hombre enamorado. Carla lo mira y no se reconoce enamorada. Lo quería por ser un trozo de inmobiliaria a heredar de una madre anciana.
 
 -Mamá se echó novio, compañero sentimental -explica un Andrés resignado-. Creo que se conocieron en un baile de la tercera edad.
 -¿Crees? ¿No se lo preguntaste?
 -Yo respeto la vida íntima de mamá. Ella también respeta la nuestra. ¿Te acuerdas de cuando nos dio su beneplácito para vivir juntos?
 
 Carla nunca lo olvidó. La madre de Andrés zanjó la emancipación del hijo treintañero diciendo que era a él a quien tenía que gustarle vivir con la novia. Lo despidió del hogar paterno como a un inquilino desconocido. Carla sólo habló una vez con la madre de Andrés. Fue el día de la mudanza.
 
 -¿Vais a tener hijos? -preguntó la señora.
 -Ya tenemos a mi hija -le explicó Carla-. Una hija es un número perfecto.
 
 Andrés le planteó meses después la necesidad de tener un nuevo descendiente para asegurar la herencia de cuatro pisos, dos bajos y el dinero del banco.
 
 -Mamá es muy católica.
 -¿Y eso qué?
 -Puede dejarle la herencia a los curas.
 
 Carla se rió. Los curas no la preocupaban. Andrés tendría su herencia cuando tocara, y su hija cuando correspondiera.
 
 La madre de Andrés empezó a frecuentar los bailes de viejos cuando el hijo marchó de casa. Cuanto más bailaba más se alejaba de la religión. Carla empezó a preocuparse por la herencia al saber que su suegra oficiosa dejara de asistir a misa los domingos.
 
 -Algo le pasa a tu madre, Andrés.
 -Baila mucho, Carla. El baile es un vicio.
 
 El peor vicio fue el novio joven que conoció en la pista de bailes de salón. Se enamoró. Y el novio se enamoró de cuatro pisos, dos bajos y el dinero del banco.
 
 Pasan los días, llegan los meses y, con el primer aniversario de novios, llega el matrimonio de la madre de Andrés.
 
 -Mamá quiere que sea su padrino.
 -Sin duda, debes serlo.
 -Se casan el 1 de septiembre.
 -¿Y qué hay de tu herencia?
 
 Andrés se había olvidado de la herencia. Su preocupación era la felicidad de su madre. Dudaba de que un hombre treinta años más joven la entendiera.
 
 El día que Carla lo dejó, su madre y el joven esposo fueron padres de dos preciosas chinitas adoptadas.
 
 -¿Estás segura de que no me amas? -le preguntó Andrés a una Carla que no sonreía como antes.
 -Segurísima.
 
 Andrés marchó. Carla empezó a pensar cómo cazar al siguiente candidato a su amor por un trozo de inmobiliaria. Esta vez tendría que ser un hombre con la herencia cobrada.



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