NOVEDADES

Monday, December 17, 2007

Navidad 2007

Querido diario:

Ayer los centros comerciales estaban de bote en bote. No fui de compras. Dios me libre de contribuir con mis humildes ingresos a hacer más ricos a los capitalistas. Por mí ya pueden cerrar todos el tenderete. Nunca me ayudaron. En consecuencia, yo tampoco tengo la obligación de ayudarlos. Me vengo gastando lo menos posible. Ya gastan otros, más afortunados que servidora, por mí y por ellos.

Cuando regresé a casa ayer ya era hora de estar cenando. Pues allí los tenías en "El Corte Inglés". Coches en segunda fila, familias en armonía consumista, bolsas con muchos regalos, y todos muy felices. Que no se diga que España va mal. Aquí somos ricos. Todos vivimos a lo grande menos los que contamos los euros a ver si estas Navidades comemos conejo, como dicen los de ZP, o arroz a palo seco.

¡Qué asco de vida! Detesto las Navidades. La felicidad por decreto no publicado en el BOE es agobiante. ¿Cómo te atreven a pedirte una risa cuando lo que te pide el cuerpo es armar una guerra? Sí, armar la guerra de los parias, de los que siempre quedamos fuera de la fiesta, de los que somos la Cenicienta del baile que no bailamos porque no nos dejan.

El mundo es injusto. Parece que sólo yo me atrevo a decirlo desde el anonimato que me permite evitar la vergüenza. Sí, esa es la palabra: vergüenza. Eso es lo que sientes cuando vas por la calle y sabes que no puedes ser como el afortunado que viene en frente con una bolsa a rebosar de compras de "El Corte Inglés". Mi regalo de estas Navidades va a ser un chaleco que estoy calcetando. El regalo de Raúl del Pozo es la columna que hereda de Umbral gracias a la generosidad impagable de Pedro J. Los hay con suerte.

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Bailan los vestidos
con los altos precios
en vuelos de raso
colgados de perchas.

Uno es mi talla,
otro es mi sueño.

Mi cartera baila
el compro y no puedo
mientras mi cabeza
recorre ideas.

Uno puedo hacerlo
cosiendo tres noches
con aquella aguja
de las ilusiones.

Otro estará hecho
para el treinta y uno
cunado el año acabe
a las doce en punto.

Mi mano acaricia
los tules azules
midiendo las formas
en las fotocopias.