NOVEDADES

Saturday, April 21, 2007

Relato: La hermanita

Ana Sofía hojea una revista de viajes soñando despierta con los magníficos hoteles de las fotografías. ¿Quién dijo que no existía el Paraíso? Hay personas que lo tienen todo en sus manos para ser felices. Por ejemplo Bill Gates. Lo que daría ella por tener a su entera disposición una isla privada para apartarse del mundo.

-Mami, me ha llamado papá desde España.

Ana Sofía sueña con un circuito de lujo. Lo iniciaría en la tal isla de Sa Ferradura. No, ahí no. Está al lado de Ibiza. A Ana Sofía no le apetece regresar a España, aunque sea a cientos de kilómetros de la ciudad en que reside su ex y aunque se trate de la isla más cara del mundo. Con un bolígrafo rojo Ana Sofía marca una cruz en la playa de Akyarlar en Turquía. ¿Una pasión turca? Sería estupendo.

-Tengo una hermanita.

Ana Sofía mira al niño. Ah... está jugando con la muñeca que le dio la abuela. ¡Menuda imaginación tienen los críos!

Ana Sofía hace otra cruz en la revista de viajes. Ha elegido un viaje en el yate Annaliense y un par de noches en el Hotel Martínez de Cannes. Francia seguro que es un país precioso.

-Tengo una hermanita en España. Lo dijo papá.
-¿Qué?

Ana Sofía siente que su corazón da un vuelco. El niño calla. Ha montado la muñeca en un camión y la pasea sobre la alfombra de la sala.

-Estoy paseando a mi hermanita.

Ana Sofía vuelve a su revista. Marca un viaje en el lujoso tren "Orient-Express". Cierra los ojos y se ve a sí misma subiendo en la Estación Este en París del brazo de Brad Pitt. Piensa que hacen una pareja de cine. Eso sí, sin niños. El "Orient-Express" no es para llevar niños haciéndote perder la paciencia. El amor cuando vienen los hijos deja de ser amor.

-Mi papá tiene una novia española y yo tengo una hermanita.

Ana Sofía cree que debe explicarle a su hijo que la novia de su padre no es su hermana, pero se calla. Odia a su ex marido. Otra cruz roja ha llegado a Japón. Allí hay un restaurante muy caro que se llama Aragawa cuya especialidad es la carne de vaca con mostaza y pimienta. El menú cuesta 277 dólares. No hay problema: Brad Pitt es rico.

-Papi me va a mandar una foto.

Ana Sofía se olvida de la carne picante y del shushi japonés. Pierde los nervios y le chilla al niño que no quiere fotos de ese papi que tiene novia en España.

-Pero si es la foto de la nueva hermanita, mami.

Ana Sofía muerde las uñas pintadas de rosa palo para retener un sollozo que le echa un pulso. ¿Una hija? ¿Su ex ha tenido una hija?

-La pondremos aquí con todas las fotos, ¿verdad, mami?

Ana Sofía mira la mesita que señala su hijo. Allí aún está la foto del día de la boda. Allí está ella, sola, sonriéndole al fotógrafo antes de ir a la iglesia a declarar su amor en un sí quiero que se rompió en no en aquella España ahora de novia y hermanita.

-Dice papi que tenemos que cuidar mucho a la hermanita. Hay que enseñarle a hablar.

Ana Sofía recuerda al mismo papi diciendo que en España estaba el futuro de de su hijo, el mismo niño que habla ahora de hermanita medio hermanita suya. El futuro fue seguirlo, no entenderse, y regresar con su niño a Montevideo.

-Hijo, ayúdame a retirar estas fotografías antiguas. En el álbum estarán mejor.
-¿Y dónde vamos a poner la foto de la hermanita, mami?

Ana Sofía no contesta. Empieza a vaciar los marcos plateados dejando caer a sus pies fotos de familia y familiares que siente tan extrañas como las fotografías de la revista de viajes. El pasado le es tan ajeno como los sueños irrealizables.