VIAJES DE ENSUEÑO

LO MÁS BARATO

Wednesday, August 08, 2007

Relato: El pecado de Andrés, 5

Despierta asustado. ¿Dónde está? No hay rastro del campamento. Ni una sola jaima. Andrés se incorpora convencido de ser el único superviviente de la duna que ha devorado al pueblo. No, está soñando. Marta pinta con el lienzo apoyado en la roca. Es un sueño, una pesadilla.

-¿Ya despertaste? Pensaba que me había pasado con los barbitúricos.

¿De qué barbitúricos habla Marta? La oye hablar de fuga, caminos por el desierto, pozos de agua... ,y no entiende nada.

-Te hemos traído con nosotros para que no nos delataras.
-Estás loca, Marta. Podrías haberme matado. Soy alérgico a las pastillas de dormir.
-Yo soy alérgica a la esclavitud y a los secuestros.

El inmigrante jordano duerme sobre una manta. Aquel hombre está loco. Quiere llegar a España e irse a vivir a la Alambra.

-Vamos. Déjemos a éste.
-Me ayudó a arrastrarte dormido por el desierto. Le debes la vida.

Andrés no sentía ninguna deuda con el descendiente de los nabateos.

-Yo me voy.
-¿Sabes el camino para llegar a Ceuta sin perderte?
-¿Lo sabe éste?
-Si llegó a Tamanrast desde Petra, seguro que es capaz de llevarnos hasta Ceuta sin novedad.

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La madre de Teresa entra como un elefante en una cacharrería. El vuelo de su amplia falda arrastra al suelo al paragüero.

-¿Cómo tienes aquí este trasto si nunca llueve? No, deja, yo lo coloco. Tú con esa barriga no puedes moverte. ¿Estás segura de que viene sólo un niño? Últimamente todos tienen gemelos.
-Yo no soy "todos", mamá.
-Eso es cierto, tú eres la más tonta de todos. ¿Supiste algo de Andrés?
-Me llamó hace dos días. Quiere que pague el rescate.

Amalia se ríe a carcajadas.

-¿Con qué vas a pagar el rescate?
-No sé, mamá. Nadie me quiere ayudar. Ni siquiera los padres de Andrés.
-¿Los padres de Andrés? Estarán encantados de perderlo de vista. Le dieron dinero para la empresa y lo fundió en el bingo.
-Eso no es cierto.
-Es muy cierto, hija. Tu Andrés es un bala perdida. Ahora está en el desierto con una fulana pintora y un narcotraficante.
-¿Qué dices?
-Lo que me contó la secretaria del ministro de Asuntos Exteriores. Escaparon de los secuestradores tuaregs.
-¡Gracias, Dios mio!
-Pero serás tonta... Tu marido te pone una cornamenta de ciervo ibérico y tú te alegras de que regrese. No te alegres mucho, hija, el desierto es duro y Andrés es un señorito.
-Verás que consigue llegar, mamá. Nuestros hijos le darán fuerzas.
-¡Pobres criaturas! Tienen un padre vividor y una madre tonta. No pareces hija mía.

Teresa pensó que realmente no lo parecía. Aquella mujer rubia, vestida a la moda, siempre impecable, era la versión contraria de sí misma.