NOVEDADES

Tuesday, May 06, 2014

Yolanda Smith

Yo no era la mujer mariposa
ni la rosa del jardín elegido.
Seguía siendo la flor silvestre
que ninguna mano acaricia.
 
Dejé mis espinas descubiertas
mientras volaban las mariposas
y las rosas caían moribundas
en el estanque de los perdedores.
 
Aplaudían todas las manos
un espectáculo de medianoche.
Mis espinas se juntaron en otra
flor ajena a los jarrones de rosas.
 
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