NOVEDADES

Tuesday, October 30, 2007

Relato: Estrellas que mueren

 La carretera se abre ante sus ojos sin horizonte. No hay final. Kilómetro a Kilómetro, las rectas se alternan con las curvas. Jorge conduce sin prisa. Para morir no hay que tener prisa, se dice. Quiere saborear los últimos minutos sin planear el instante del adiós.
 
 Jorge se emociona por una vida que no merece lágrimas. Los hombres no lloran. Él nunca lo hizo. Cree llorar por primera vez. La carretera desierta permite conducir llorando. Empieza a llover. Jorge deja de llorar. ¡Maldito Dios! Ni siquiera lo va a despedir con un día soleado. El de arriba abre las nubes como quien abre el llanto de las plañideras para acompañar a un difunto malquerido.
 
 Empieza a sentirse cadáver antes de serlo. Una vida rota. Un adiós arrastrado por los pies derrotados en un camino hacia el fracaso.
 
 Jorge se va y nadie va a llorar su huida. Atrás quedan amigos perdidos en el olvido que arrastró el fracaso. ¿La familia? Dos hermanas bien casadas y un hermano político. Los padres andan por Benidorm en uno de esos viajes que financia el Estado. Su última novia, la que más amó, era un nick de Internet. Dios sabrá si existe tal como ella narraba su existencia. Jorge habló con ella hace dos días. Le dijo adeu; como siempre. Jorge nunca dice adiós en castellano.
 
 El coche pide más gasolina. Mal momento, chato. Jorge no lleva el maletero como para entrar en una gasolinera. Ha decidido matarse él, no matar a los prójimos.
 
 La olla-bomba debe ser cosa segura. La preparó según las instrucciones de una página web que trataba los temas de explosivos de manera sencilla. Es una olla express que compró su madre en las rebajas de menaje de "El Corte Inglés". La utilizó para preparar macarrones hasta que vino el microondas y mamá se apuntó al nuevo invento. La olla está un poco oxidada. Mejor. El óxido la hará más explosiva.
 
 Jorge cree que la cosa tiene que funcionar. Si la bomba se traba, le queda la bombona camping-gas para rematarse. Él prefiere morir con un estallido. No hay fiesta sin fuegos artificiales, ¿verdad? Pues su muerte también necesita un estallido.
 
 Saldrá en el periódico sin necesidad de esquela. "Hombre de edad indeterminada se suicida con la pota de su madre llena de explosivos caseros". En los diarios no escribirán "descanse en paz". Es igual. Descansará en paz.
 
 Jorge enciende una cerilla y la acerca al cordón que sale de la tapadera de la olla. Le da tiempo a pensar en la causa de su muerte: no tiene trabajo. Nadie lo contrata. Ha suspendido las últimas oposiciones a las que se presentó. Adiós.
 
 Una explosión ilumina el cielo habitado de estrellas que nacen y mueren.
 
 



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