NOVEDADES

Monday, May 25, 2009

Amor en tiempos de crisis

Querido diario:
 
Estoy que le pegaría un grito al primero que me encontrará por delante. Bueno, no al primero, sino a uno que yo me sé y a unas cuantas que también me sé. Pero es mejor callar. Toca callar, morderse las uñas y aguantar el tirón. Me digo que quien resiste gana. ¿Gana? Yo no gano ni resistiendo, ni tirando la toalla, ni explotando, que es lo que me pide el cuerpo en este momento.
 
No gano y no es mía la culpa. La culpa es de esta sociedad injusta que siempre me pone la zancadilla y me tira mis torres al suelo. ¿Por qué no me dejarán vivir en paz? Cuando encuentro un sitio para ganarme la vida, vienen a jodérmelo, y las alternativas simplemente no existen.
 
Muchas veces digo que soy una paria y no es una exageración. Es la definición que más se acopla a mi mísera existencia. Yo tendría que vivir como una reina, lejos de preocupaciones de supervivencia. Pues no, señor, aquí me tienes contando hasta los céntimos, cabreada, furiosa. Debe ser mi destino, o no lo es, o ya no sé qué demonios es esta zanja de la que no salgo; de la que no me dejan salir.
 
La vida es injusta. Esta sociedad es injusta. Dios es injusto. ¿Dios? Vete a saber si existe o es un cuento como los míos, que tienen de única verdad que yo los escribo y punto. Estoy harta. Tengo la sensación de haber quemado ya todos los cartuchos. La publicidad sigue sin funcionarme como yo quisiera. Ojalá pudiera asociarme a la SGAE a ver si quitaba un sueldo todos los meses para vivir decentemente, pero allí sólo quieren a los cuatro enchufados que sacaron un disco hace siglos y ahora viven como reyes.
 
Estoy harta, harta, ¡harta! Tan harta estoy que me pregunto qué demonios hago yo aquí; para qué he venido yo a este mundo en el que les sobro a todos.
 
 
$$$$$$$$$
 
Abrázame como cuando
eramos clase media.

Tengo frío bajo esta luna
que dicen de Valencia.

Abrázame hasta hacerme olvidar
a la señora Pobreza.

Tengo miedo ante el rostro
de un plato huérfano.

Abrázame hasta hacerme soñar
con un gran banquete.

Tengo miedo al mirar la despensa
y encontrarle los huecos.

Abrázame como cuando
el Primer Mundo era nuestro.