VIAJES DE ENSUEÑO

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Wednesday, May 19, 2010

Relato: Hacienda no podrá conmigo

 La peluquería es impecable. Laura abre la puerta y se deja caer en un sillón, que hace tres meses estuvo en el salón del 4ºA. Tiene delante tres mujeres, una niña y una adolescente.

 

 -¿Mucho trabajo, Laura? -le pregunta la peluquera.

 

 Laura asiente. Estuvo toda la mañana preparando comidas para los viejos del barrio. Esta noche irá a dormir a la casa de la vieja del edificio de la esquina. No es que pague mucho la pobre mujer, pero con los diez euros que le da casi tiene para una bombona de butano. Mañana llevará al colegio a los hijos gemelos de la nueva vecina. Otros cinco euros que gana. Suspira cansada. Le echa mano al ¡Hola! y vuelve a suspirar. ¡Qué bien viven los famosos! Se casan, se divorcian, tienen hijos, operan la nariz, ponen más pecho... Laura daría media vida por vivir en la casa de Isabel Preysler y salir en un reportaje rodeada de hijas pijas.

 

 Entra una nueva clienta. La peluquera la mira nerviosa. No la conoce y vete tú a saber si trabaja en hacienda o es una chivata de esas que te jode el negocio.

 

 -¿Qué quiere usted'

 -Un tinte.

 

 La peluquera le indica que tome asiento. La atenderá pronto. Tiene dos clientas en el secador, su hija la leva la cabeza a la adolescente, la niña está negociando con su madre el corte de pelo.

 

 -Me dijeron maravillas de su peluquería -comenta la nueva-.Por eso estoy aquí.

 -¿Quién le habló de mí?

 -La señora Pepa. Yo soy su sobrina, la de Madrid.

 -No tiene acento.

 -Es que soy muy gallega.

 

 Laura sigue entreteniéndose con el ¡Hola! Piensa que su hija bien podía hacer como Belén Estaban: tener un bebé de un torero y vivir del cuento. No importa que sea auntitaurina. Belén Esteban, que ella sepa, no es aficionada a los toros.

 

 -¿Conoce usted a algún famoso? -le pregunta a la nueva.

 -Los veo en la tele.

 -Pero ¿no los conoce en persona? -se sorprende Laura-. ¿no los conoce viviendo en Madrid?

 -Pues no.

 

 La peluquera vuelve a pensar que la nueva es inspectora de Hacienda. Doña Pepa nunca le habló de una sobrina madrileña.

 

 -¿Cómo está su tía?

 -Muy bien.

 -Este verano estuvo muy malita, la pobre. La cuidaba una vecina que ya no vive en el barrio.

 -He venido para llevármela a Madrid, a una residencia.

 -Aquí también tenemos centro de día -intervino Laura-. Mi vecina de abajo cuida ancianos que no dan mucha lata. A su tía no la cuida porque está loca.

 -Sí, ha perdido un poco la cabeza, como todos a su edad -asiente la sobrina.

 

 Dos días después, la peluquera tenía un motivo para perder la cabeza: dos inspectores de hacienda entraban en su local sin rotular.

 

 -Ya sabía yo que aquella era de hacienda -explotó-. Pues miren, señores, no soy la única en ganarme la vida a mi manera. Laurita tiene un catering montado en la cocina de su casa. Amelia hace camisas Carolina herrera con una vieja máquina de coser, Antonio va con su esposa a fregar portles en un coche que pone Limpiezas Brillo, Rosa alquila todas las habitaciones de su casa salón incluido y ...

 -Usted comete un delito -insiste un inspector.

 -¿Y los demás?

 -Los demás no importan.

 -¿De qué voy a vivir?

 

 Los inspectores marchan. La hija de la peluquera barre el suelo con la indiferencia de los perdedores.

 

 -Mañana iré por las casas vendiendo cremas y colonias -decide la peluquera-. Hacienda no podrá conmigo.