NOVEDADES

Friday, February 19, 2010

Microrelato: Regalos de moribundo




No quedaban libros en la casa del tío Arturo el día de su último adiós. El tío había repartido su colección de clásicos entre sus amigos. Lo quisieran o no, todos aceptaron como recuerdo un viejo libro lleno de notas en los márgenes y subrayados que les entregaba el agonizante.

El tío tuvo su recompensa en el funeral: el sacerdote, agasajado en su día con "El Quijote", lo recordó como un hombre culto, apasionado por la literatura clásica y digno heredero de Alonso Quijano.

-¡Yo fui su Dulcinea! -gritó una vecina con la cabeza perdida, la pobre.

No pudimos evitar reírnos. Mi tío Arturo había conseguido lo que siempre quiso: ser despedido con una sonrisa en los labios de sus seres queridos.