Aquí,
en tu incendio
que abrazo con el mío,
bebo en cada beso
las brasas de saliva.
Te quiero.
¿Te lo dije?
No, no me lo digas,
arrastrate hacia el volcán
y vive allí conmigo.
Queda en cada minuto,
archívate en un suspiro,
no me digas que mueres,
no rompas el delirio,
no abras la ventana,
no hables de otro día.
Calla y ven
aquí,
donde yo digo.
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Querido diario:
Una suele volver a donde solía porque, puestos a preferir, prefiero un enemigo conocido que un amigo que sabes que, más pronto o más tarde, terminará convirtiéndose en enemigo. Un enemigo declarado ya sabes como se las gasta, conoces su librillo a la hora de hacerte la jugada. En cambio, un amigo es un libro todavía cerrado, sin leer en sus peores páginas, sin descubrir el final que continua en la segunda parte.
Por eso regreso. Por eso y porque me gusta ser espectadora. Yo ya he quemado mis naves. Ya no me importa no tener más madera para tirar. La madera que me queda prefiero utilizarla para calentar mis pies.