Me llega al corazón la esperanza.
Te quiero y no te quiero y me odio.
Soy víbora, serpiente, reptil malo.
La piel que me jaspea es veneno,
mi lengua el cuchillo enamorado
del último día de tu aliento,
del último suspiro que se acaba.
No existe la gente:
Diario:
De nuevo lo mismo. Estoy hasta las narices de tener que dejarle mi sitio a los imbéciles. Yo tengo derecho y más derecho que nadie porque los demás andan sobrados de pasta. Este país de mierda es un país para ricos. Ellos se llevan lo que te corresponde a ti por pobre.
No quiero pensar qué será de nosotros con los del PP en el Gobierno de Madrid. Nos moriremos de hambre. Dicen que aquí en Galicia les quitaron las medicinas y el médico a los parados. No me extrañaría nada. La Seguridad Social la reservan para los ricos, para los suyos. Los demás debemos morirnos de hambre y enfermedad.
La culpa es de quienes que los votaron. Ellos son los culpables de mis estrecheces económicas, son los que me quitan el pan de la boca. Los odio.
Diario:
Otra vez sin ordenador. Hay que dejar sitio libre. Lo de siempre: los pobres fuera y los ricos dentro. Yo tengo derecho a un ordenador y si no puedo comprarlo es por culpa de los cabrones que me quitan lo mío. Los odio. Odio a la Humanidad entera.
Estoy hasta el culo de este país de mierda, en el que los ricos tienen todos los derechos del mundo y los pobres no tenemos ni derecho a existir. Siempre sobras, siempre estás de más. Hasta en casa te miran mal. Ellos esperaban una hija que los sacara de pobres, no esta tonta que los ha metido más en la pobreza.
Me odio a mí misma. ¿Por qué haciendo lo mismo que los que triunfan yo fracaso? Es la injusticia de la vida. Dios premia a los más cabrones. ¿Dios? Sí, el destino o como quieras llamarlo. Miras qué negocio funciona en un barrio y encuentras al frente del mostrador al cabrón más grande, al peor ladrón.
Estoy harta, cansada de todo y de todos. Esta vida mía no vale la pena. ¿Por qué sigo aquí? Porque quiero venganza. Porque quiero vengarme a mí manera de todos los que me están jodiendo. Aún puedo hacerlo. Todavía no he dicho la última palabra.
Diario:
Estoy cansada, aburrida de esta vida que cada día es más severa conmigo. Dinero poco, problemas muchos, soluciones escasas, ayudas nulas. Así no se puede vivir.
Miro a mi alrededor y veo prosperidad. Me siento la única pobre, pero no me hundo. Empiezo a dar codazos, a hacerme sitio. Los pobres también tenemos derecho a existir aquí y ahora, no en ese Reino de los Cielos que prometía Cristo. Hasta el Hijo de Dios fue injusto con los pobres. Les prometió una solución a futuros y los dejó en la miseria presente, abandonados a su mala suerte. Todos ayudan a los ricos, hasta el Altísimo.
Estuvo el Papa Benedicto hace cosa de una semana por Madrid. Es un Papa que aburre. No conocí a un hombre que vendiera una mercancía más averiada. Se reunió con las monjas de clausura. Ratzinger apuesta por el catolicismo más estricto. No se da cuenta de que no estamos en la Edad Media.
Monjas de clausura... Si lo pienso, viven mejor que yo, mucho mejor. En el convento no les falta comida y cubren sus cuerpos con esos hábitos horribles. Si tuvieran unos uniformes más a la moda, no me importaría ser monja de clausura. Por lo menos tenía la manutención garantizada.
Diario:
La historia de siempre. Sin ordenador y dejándole paso a los señoritos. Estoy hasta el culo de que pisen mis derechos. Los pobres, señores, tenemos más derechos que nadie. Esos imbéciles que están ocupando el ordenador que me corresponde bien podían irse a un ciber y no yo que necesito el dinero para vivir, no para derrochar.
Estoy harta. La vida es una mierda. Todos son problemas. A mis problemas sumo los problemas que me echan encima. Y que nadie me diga que hay que ser optimista y esas tonterías. Eres optimista cuando puedes y cuando no puedes eres como te hacen ser. A mí el optimismo me vendría si me tocará la Primitiva. Entonces sí que sería feliz. Podría comprarme un portátil, una buena casa, no tendría que contar los céntimos para ir al supermercado a hacer la compra, podría comprar la ropa, dejaría de hacerme mis propios tapafríos, no sería un problema un cambio imprescindible de zapatos,...
La vida es injusta con los pobres. En cambio, con los ricos es derrochona; les da una felicidad que no merecen los muy cabrones. ¿Merece la duquesa de Alba sus palacios? No. ¿Merece Emilio Botín su riqueza? No ¿Merece el Rey de España vivir como un marajá? No ¿Merece el Papa de Roma ser el anciano más rico del Planeta? No.
Hay que repartir, señores. Devolver lo que han robado porque los demás también necesitamos comer, vestirnos, vivir.
Yolanda Smith
http://verbasceibes.blogspot.com/
Diario:
Da gusto como te quitan el sitio. Ellos tienen pasta de sobra para pagarse el ciber y siempre me toca a mí apoquinar. Estoy hasta el culo de esta sociedad de mierda donde el rico pisa al pobre y el pobre se deja pisar por vergüenza. Es un asco. La vida es un asco. El mundo es un asco. El país es un asco. Y de esta ciudad no hablo porque es mejor callar.
Muchas veces me pregunto que hago yo en este mundo donde sobro más que las sobras de una comida que ha comido un potentado. No soy nada. No soy nadie. Le caigo mal hasta a los desconocidos con los que me cruzo por la calle.
No es que me importe caerle mal al personal, al contrario. Lo que me fastidia es que me estrangulen los ingresos. En todos los sitios me hacen la vida imposible. Odio a la Humanidad. Los detesto igual que soy detestada.
Yolanda Smith