VIAJES DE ENSUEÑO

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Friday, August 03, 2007

Relato: El pecado de Andrés, 4

Andrés se siente un fracasado. Marta habla con el inmigrante jordano, hacen planes para cruzar desiertos y mares, se cuentan anécdotas. Él ya se siente esclavo de los tuaregs antes de que los tuaregs antes de que lo esclavicen.

El jordano le prestó su móvil para llamar a Teresa. Sólo le pudo decir que pagara el rescate antes de que se acabara la batería. Ali ha puesto el móvil a recargar en un artilugio que funciona con luz solar.

-Le lleva toda la tarde recargar -le dice.
-No importa. Ya le dije a mi mujer que pagara el rescate.
-¿Crees que lo va a pagar? -pregunta Marta-. Yo no lo pagaría. Buscaría otro marido.
-Tú no has nacido para esposa. Las esposas son mujeres sufridoras.

Marta se ríe. Dice que ya no existen mujeres sufridoras.

Ali es nabateo, o eso les cuenta. Andrés cree que les está contando una gran trola. Duda hasta de que sea jordano. Tiene el pelo y los ojos oscuros, pero su piel es bastante blanca. Empieza a sospechar que se trata de un espía de la Cía. Maldice a Bush. Justo cuando está a punto de caer en las redes de la esclavitud tiene que cruzarse con un espía yanqui.

-¿Vivías en Petra?
-Sí, siempre fui un aventurero. Un día me dije: muchacho, tus antepasados se instalaron en el siglo VII antes de Cristo en Petra, tú puedes hacer lo mismo. Por la noche dormía en el Monasterio, por la mañana me mezclaba con los turistas.
-¿De que vivías?
-De lo que le quitaba a los visitantes.

Marta pone cara de asombro. Andrés se echa la mano al bolsillo del pantalón. ¿Está tonto? La cartera ya se la han quitado los secuestradores. El nuevo ladrón ha llegado tarde.

-Mis antepasados hicieron fortuna con las caravanas de mercaderes que atravesaban Petra, yo la hice con los turistas.
-¿Por qué no quedaste allí si te iba tan bien?
-Un turista español me habló de España. Quiero conocer su país.
-¿Dónde va a vivir?
-En la Alambra.

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Ha ido otra vez a ver al padre Ángel. El religioso la recibe en la sacristía. Se oyen las risas de los niños de la catequesis.

-Pronto tendrás que traer a Laurita por aquí.

Teresa asiente. No quiere hablar de su niña. Todos los días pregunta varias veces por papá. Ella le dice que está de viaje, y la niña le pregunta cuándo regresa. Eso quisiera saber Teresa.

-No debes preocuparte por Andrés. Los hombres azules del desierto no son una tribu sanguinaria.
-¿Son nómadas?
-Muy minoritariamente. La mayoría se han hecho sedentarios.

Teresa suspira aliviada. Andrés no soportaría grandes caminatas por el desierto. Nunca le gustó andar. Cuando eran novios, lo convenció para hacer el Camino de Santiago y no consiguió terminar ni la primera etapa. A los dos kilómetros llamó un taxi y regresaron al hotel.

-¿Por qué no llama usted a la embajada, padre? Me haría un favor inmenso.

El padre Ángel le acaricia la mano. Hablará con el embajador. Teresa se lo agradece.

Cuando marcha, el sacerdote telefonea a un amigo misionero.

-Los tuaregs no son secuestradores, Ángel.
-De todo hay en la viña del señor, amigo mío. ¿Por qué no va a salir una mala persona entre los hombres del desierto?
-Sinceramente, no me imagino un secuestrado sobre unos de los pocos camellos que cruzan el Sahara.

El padre Ángel se lo imaginaba. En sus peores pesadillas veía a Andrés a lomos de un camello blanco pidiéndole a Dios perdón por sus aventuras extramatrimoniales.



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